Bodas de Oro entre Naranjos

El amor que uno pone en su boda siempre se ve reflejado en ella, pero si ese amor lo han puesto tus hijos 50 años después, la sensación tiene que ser increíble, ¿te lo imaginas? Lo que vi en los ojos de Pepa y Rafael me dio cierta envidia porque era mucho más que felicidad.

Con la frase “¿Quién no quisiera cumplir 50 años junto a su persona más querida?” comenzó la ceremonia.

Sus hijos me pidieron que les organizara su merecida recompensa, una celebración íntima para 25 personas. Querían que ésta fuera fiel reflejo de sus padres, de sus aficiones y de su historia. Me contaban… “Mi padre es un Bon Vivant en toda regla, lleva dentro un hippy ibicenco, pero también un esnob. Fue cartógrafo, por lo que ha vivido rodeado de rotrings, plumines y portaminas de delineante. A mi madre le gusta más que nada la familia, verla unida y reírse, sobre todo reírse de todo y con todos, suele ser el alma de la fiesta. Es una valenciana amante de los entornos bonitos y como buena mujer de Bon Vivant, adora lo mismo que él. Una Ava Gadner a la española, amante de las flores y las plantas por encima de todo”.

Dicho esto y mucho más, creamos un concepto “Dolce Vita española”. Para celebrar un 50 aniversario en familia estaba muy claro, oro y mesa imperial. El lugar elegido, Westin Palace Madrid. Guiños a Valencia en la decoración floral, con naranjos, rosas y narcisos. La alegría, coquetez y elegancia de Pepa tenían que convivir con el esnobismo y carácter aventurero de Rafael, una unión perceptible en conjunto y tangible en los detalles, como por ejemplo en el diseño de las minutas, donde el menú se leía sobre un plano cartográfico de Valencia.

A modo de photocall recreamos una sala de estar, con polaroids y distintos rincones que hablaban de las aficiones y gustos de la pareja, con un candy corner temático de su 50 aniversario y un tocadiscos muy del estilo de los guateques de los 60s, ya que la música es una afición común de los dos. El rincón de Pepa con un divertido y glamuroso atrezzo y como no, fotos significativas de la familia. El de Rafael, con un mapamundi antiguo, brújulas y plumines. De regalo para los invitados, junto a los dulces, unas galletas en forma de vinilos personalizados.

Alegría, tradición, respeto, risas, triunfo, dedicación… Todos ingredientes esenciales para unir a una familia durante 50 años y poder celebrarlo.

Foto y Vídeo: Alfonso Esteban (STB Estudio)