Boda Campestre

Marieta y Carlos son de esas personas que cuando las conoces es inevitable admirarlas por su entereza, pragmatismo y fidelidad a sí mismos. Rápidamente me dí cuenta de que para su boda tenían muy claro lo que querían, especialmente Marieta, de cuya personalidad y carácter acabé haciéndome realmente muy fan, incluso durante la organización incluí en mi vocabulario el calificativo “muy Marieta”.

Padres de dos niños entrañables, su boda debía de estar planificada especialmente para padres con niños, que serían los invitados predominantes. Pocos formalismos, mucha interacción, diversión y como no, mucha seguridad y atención para evitar que nada aguase la celebración.

La naturaleza y el respeto por el medio ambiente quedaba claro desde el principio, desde las invitaciones, impresas en papel reciclado con semillas, por si a alguien no le apetecía conservarla, poderla plantar en una maceta, hasta los regalos para los invitados, pequeños cuencos de cerámica hechos a mano con caramelos y envueltos en bonitos retales.

Un día magnífico, una ceremonia de cuento bajo los árboles, flores silvestres, exquisito y abundante cóctel junto a la piscina, música, coquetos rincones tipo picnic, zona infantil con todo lo imaginable para los más pequeños, familiares y amigos… Justo lo que más les apetecía y les hacía felices. Y para finalizar el día, cena y fiesta hasta la madrugada, porque cuando estás cómodo y entre amigos nadie quiere marcharse. Así es como fue la boda de esta formidable pareja.

Foto: Alejandro Almeida

Colaboración: Ana Longás