He conocido muchísima gente a lo largo de mi vida, muchos “anti bodas” y otros que son todo lo contrario. He tenido amigas que ya con quince años sabían cómo iba a ser su vestido de novia y en qué iglesia se casarían…, muy fuerte, no? Pues es cierto y estoy convencido de que esa ilusión se mantiene en más jóvenes de los que imaginamos. Supongo que no hay nada malo en tener ilusiones y sueños, porque sin ellos no se puede vivir. Bueno… poder se puede, pero yo no lo llamaría vivir.

David Sanz Events Me caso y no me gustan las bodas 02

Pero este post va dirigido a mucha gente que no comparte esa ilusión, me refiero a la de casarse y celebrarlo con una gran boda. Hay quien padece auténtico pánico cuando recibe una invitación a un evento así. Y es que es normal que nos sintamos incómodos en un “hábitat” que no es el nuestro. Por eso cuando nos decidimos, debemos elegir también nuestro “hábitat”, olvidarnos de los convencionalismos, de las presiones familiares y ser nosotros mismos. Rodearnos de un ambiente que nos guste y hacer lo que nos haga sentir bien. Particularmente he tenido novios que me han contratado después de haber asistido a una de mis bodas, diciendo: “No me gustan las bodas pero así, sí quiero celebrar la mía”. Y no se trata de que yo, como wedding planner haga milagros… bueno quizás sí (hehehe), pero la razón de que nunca se lo hubieran planteado era porque el mundo nupcial que conocían no iba ni con su estilo de vida, ni con su personalidad. Y es que cada uno somos un mundo!

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Por otro lado mucha gente me ha confesado que le gustaría casarse, pero en privado, en algún lugar precioso pero sin nadie más que su pareja. La primera vez que oí algo así me encantó la idea, ¿por que no? Si algo he aprendido al cabo de estos años organizando bodas, es que éstas tienen que tener el sentido que la pareja le quiera dar, no el que marque la sociedad. Novio, novia… haz lo que te haga feliz! Dónde, cuando, cómo y con quién tu quieras!

También están, religiones aparte, los que no creen en la firma de un papel, les gustaría celebrar una unión simbólica pero sin documentos oficiales de por medio, yo hace años lo hice así porque no había más remedio y estuvo genial. En estos casos el sentido está en la unión y en la celebración con los tuyos, testigos de un momento memorable, aunque sea pronunciando votos debajo de un olivo, e invitando después a unas cañas en el bar de la esquina. Cada uno es como es y no a todos nos hace felices las mismas cosas.

Fotografía: Quique Mangás

Fotografía: Quique Mangás

Después de haber escuchado tantas opiniones distintas sobre las bodas, soy muy fan de celebrar cualquier unión, como sea, pero celebrar! Porque si hay celebración hay felicidad, ya sea boda, no boda, ritual, pronunciación de votos en un acantilado… seamos libres de celebrar como nos de la gana, ¡pero celebremos siempre!

Lo cierto es que cuando oigo a alguien decir “a mi no me gustan las bodas”, le pregunto… ¿pero qué bodas?.

Feliz día!